La temporada ha acabado y el Hércules tampoco ha cumplido con el objetivo de adecentar su estadio. El deterioro del Rico Pérez, visible desde hace años, ha sido un tema de constante conversación durante esta campaña, y justo hace diez meses el club anunció que acometería unas "obras de urgencia" antes de empezar la competición, pero que a día de hoy siguen en punto muerto por falta de acuerdo entre el club de fútbol y el dueño del recinto.
El problema radica en que esa intervención, presupuestada en 281.961 euros, era la forma en la que el Hércules pretendía satisfacer los 165.725 euros que adeuda al Instituto Valenciano de Finanzas por el uso del estadio entre julio de 2019 y julio de 2024. El banco de la Generalitat, por su parte, tan solo estaba dispuesto a asumir 114.742 euros de la obra como parte del pago de los alquileres atrasados.
Esa diferencia entre inquilino y arrendatario, que data del pasado mes de octubre, no ha sido resuelta desde entonces. El IVF, a preguntas de este diario, ha señalado que no ha habido ninguna novedad en esta materia. El Hércules, por su parte, ha evitado responder, excusándose en que es un asunto que no compete solamente al club.
Otro verano sin fecha para las mejoras
Por este motivo, el estadio mundialista afronta otro verano sin expectativas claras ni fechas programadas para mejorar sus grandes deficiencias, que incluyen aspectos de calado como humedades constantes, pérdida de revestimientos y patologías estructurales; pero también muchos otros de más fácil solución como la mera limpieza del interior y exterior del estadio o la reposición de mobiliario.
Y es que más allá de imágenes preocupantes del estado de columnas y vigas de hormigón, que han perdido recubrimientos y tienen las varillas de su estructura expuestas a la corrosión, o incluso de las goteras en varios puntos de la grada, en los pasillos y escaleras del estadio no es extraño encontrarse pupitres, sillas, puertas y otros enseres que, sin una función clara, no pueden catalogarse como otra cosa que basura.
El estado de conservación del coliseo herculano no debe ser visto como algo baladí, ni por el club, ni por el Consell. En la presente temporada la asistencia media de los 19 partidos en casa fue de 8.025 aficionados. Es la tercera más numerosa de toda la categoría, solo por detrás del Real Murcia y del Tenerife. Todavía más importante: no hay ningún otro recinto en Alicante que a lo largo del año albergue a más personas.
Un estadio atrapado
Sin embargo, la disputa por el alquiler adeudado, que se corresponde a la módica cifra anual del 7 % de los ingresos de abonos, taquilla y derechos televisivos del club, y el hecho de que el Hércules mantenga estas condiciones beneficiosas de arrendamiento hasta 2032, son dos factores que disuaden al IVF a tomar cartas en el mantenimiento del campo blanquiazul.
La estrategia del banco del Consell era poder resolver el actual contrato, firmado en 2007 entre el Hércules y Aligestión, una sociedad que pertenecía a Enrique Ortiz, y así establecer un nuevo convenio de uso más provechoso para la entidad pública. Sin embargo, en febrero de 2024 la Justicia ratificó la validez del actual contrato, contra las pretensiones del IVF, que adquirió el estadio en 2017 en subasta concursal con el objetivo de recuperar parte de los 18 millones de euros que en 2010 avaló a la Fundación del Hércules.
Es decir, para el IVF, la compra del estadio hace nueve años ha sido una operación ruinosa de la que no ha sacado ninguna ganancia, más allá del valor patrimonial que pueda tener el recinto deportivo en una futura venta. Panorama económico que, sumado a los alquileres impagados entre 2017 y 2024 y a la imposibilidad de disponer libremente de él, desincentiva cualquier inversión de dinero público en el campo.
El club blanquiazul, como usuario del estadio, debería ser el primer interesado en entenderse con la Generalitat para cambiar la cara y sacar provecho de un estadio por el que, por ejemplo, en la temporada 2023-2024 ingresó más de 670.000 euros solo en concepto de abonos y entradas, además de ser la sede de sus oficinas y escenario de muchas sesiones de entrenamiento.
Lamentablemente, la realidad es bastante diferente. Ni siquiera aspectos como la limpieza más básica se cuidan, e incluso excrementos humanos han sido encontrados a las puertas del estadio, y todavía los hay en la zona tras las casetas cercanas a la puerta cinco, aparentemente utilizada como aseo al aire libre para personas sin hogar. Vergonzoso destino para la casa del herculanismo.