"Lo que mueve el fútbol no lo mueve nadie". La frase de Ricardo Bravo, residente de 84 años en Colisée Plaza Real, resumió perfectamente lo que ocurrió durante la visita del Sporting de Gijón al centro gijonés. Lo que en principio iba a ser una tarde tranquila de bingo acabó transformándose en una auténtica fiesta rojiblanca que reunió durante varias horas a mayores, familiares, trabajadores y niños alrededor de un completo programa de actividades con presentación de los futbolistas, firma de autógrafos, talleres intergeneracionales, juegos con balón y una merienda compartida con empanada, tortilla y croquetas que prolongó el encuentro hasta bien entrada la tarde. La residencia apareció completamente decorada para la ocasión. Globos rojiblancos, bufandas del Sporting y una gran bandera presidían una sala principal abarrotada. Más de 170 residentes, junto a unos 25 o 30 familiares y niños —muchos nietos de usuarios y también amigos de otros pequeños— llenaron el salón de actos mientras sonaba el himno del Sporting y después canciones festivas como "Mamma María", de Ricchi e Poveri. El ambiente fue creciendo con el paso de las horas entre conversaciones, fotografías, aplausos y sonrisas constantes.
"Es un día completamente distinto. El fútbol mueve muchas pasiones. Había un ambiente magnífico. No es un día cualquiera. Nunca habíamos tenido un espectáculo de esta envergadura", reconocía el propio Ricardo Bravo mientras observaba emocionado el revuelo generado por la presencia rojiblanca. "Les hace mucha ilusión que venga el Sporting. Incluso algunos usuarios que no se suelen animar en actividades quieren estar", explicaba Riki Navarro, técnico animador sociocultural del centro, mientras muchos residentes aguardaban con nervios la llegada de los futbolistas. La entrada de Joaquín, Pablo Vázquez y Andrés Ferrari fue recibida entre aplausos, vítores y móviles preparados para inmortalizar el momento. Joaquín fue el más aclamado de todos. Residentes, familiares y niños aguardaban largas colas para conseguir una fotografía o un autógrafo del exfutbolista rojiblanco. "Es historia del Sporting", comentaba uno de los usuarios del centro mientras esperaba su turno para acercarse al histórico exjugador sportinguista.
El propio Joaquín también quiso dirigirse a los asistentes durante el acto. "Estamos aquí diferentes generaciones: abuelos y nietos. Nos consta que veis todos los partidos", señaló el exrojiblanco, muy cercano en todo momento con los residentes. Paloma Ordieres, directora de la residencia, también incidía en el valor emocional de la visita. "Para nosotros es una visita muy especial. Muchos de nuestros residentes han seguido al Sporting toda su vida. Por eso tenerlos aquí hoy significa mucho. El fútbol tiene esa capacidad tan bonita de unir a las personas y generar momentos como este, donde distintas generaciones se juntan para disfrutar", señalaba.
La jornada arrancó con un acto de presentación en el salón principal, donde Joaquín, Pablo Vázquez y Andrés Ferrari compartieron varios momentos con los residentes y dedicaron unas palabras a todos los asistentes. Pablo Vázquez volvió a demostrar la cercanía y humanidad que transmite lejos de los focos. El central se detuvo con prácticamente todos los residentes, repartió abrazos, chocó manos y dedicó tiempo a conversar con muchos de ellos. "Es un gran placer estar aquí acompañándoos. Os tenemos mucho cariño. La persona a la que más quiero es mi abuela y sé lo importante que son momentos así", comentó el futbolista rojiblanco.
Después llegó uno de los momentos más esperados de la tarde: la firma de autógrafos. Los tres jugadores atendieron durante varios minutos a residentes y niños, que aguardaban nerviosos con camisetas, bufandas y papeles entre las manos. "¡Me firmó!", gritaba uno de los pequeños tras conseguir la rúbrica de los futbolistas. La visita continuó con un taller intergeneracional organizado en el exterior de la residencia, donde niños y mayores compartieron diferentes actividades. Fue ahí donde surgieron juegos con balón y pequeños partidillos improvisados en los que varios niños demostraron sus habilidades incluso chutando a portería mientras muchos residentes observaban la escena entre aplausos y sonrisas. Pablo Vázquez se implicó especialmente con los pequeños, participando activamente en los juegos, mientras Ferrari, todavía recuperándose de la fractura de peroné sufrida hace unas semanas, siguió la actividad desde un segundo plano sin participar físicamente.